Pese a la falta de audios directos por la ocultación del jugador del Benfica, el protocolo disciplinario europeo contempla sanciones basadas en indicios sólidos.
Un nuevo episodio de tensión por presuntas ofensas racistas sacudió la Champions League este martes, señalando esta vez a un compañero de profesión en el terreno de juego. Vinicius Junior denunció haber sido objeto de insultos degradantes por parte del atacante argentino Gianluca Prestianni. El suceso obligó al colegiado francés François Letexier a detener el encuentro, mientras la plantilla madridista valoraba seriamente la retirada del césped ante la gravedad de lo ocurrido.
Aunque el protocolo se activó, el árbitro no pudo amonestar en el acto al futbolista del club luso. La razón radica en que Prestianni se cubrió el rostro al hablar y los micrófonos de ambiente no captaron el sonido nítido de la ofensa. Tras el parón, el encuentro finalizó y el jugador fue relevado por su técnico, José Mourinho, sin haber visto tarjeta alguna. No obstante, el cierre del acta no implica impunidad para el joven extremo del equipo lisboeta.
El cuerpo normativo de la UEFA prevé estos escenarios mediante el estándar de «satisfacción razonable». A diferencia de un proceso penal que exige certezas absolutas, el comité disciplinario puede sancionar si las pruebas disponibles —aunque no sean grabaciones directas— son lo bastante coherentes para generar convicción. En este contexto, los testimonios de futbolistas cercanos resultan cruciales. Kylian Mbappé, por ejemplo, afirmó haber presenciado el ataque verbal reiterado, instando a una expulsión permanente del infractor de la competición. Este tipo de declaraciones, junto a los informes de oficiales de campo, podrían fundamentar una resolución ejemplar contra el comportamiento del futbolista argentino.
