Senegal conquistó su segunda Copa África en una final dramática ante Marruecos marcada por la controversia arbitral y por un penalti en el tiempo añadido que pudo cambiar por completo la historia del partido. El conjunto senegalés, liderado por el atacante del Villarreal Pape Gueye, acabó imponiéndose tras la prórroga en un duelo que dejó señalado a Brahim Díaz.
El jugador del Real Madrid tuvo en sus botas el título para Marruecos. En una de las últimas acciones del tiempo añadido, reclamó con insistencia un agarrón de El Hadji Malick Diouf dentro del área, acción que el árbitro revisó en el vídeo y terminó señalando como penalti. Brahim asumió la responsabilidad y ejecutó el lanzamiento a lo ‘Panenka’, pero su disparo, suave y centrado, fue detenido sin complicaciones por Edouard Mendy, que mantuvo con vida a Senegal y convirtió al atacante marroquí en el gran villano de la noche tras haber sido uno de los goleadores del torneo.
La decisión del penalti desató el caos sobre el césped. El seleccionador senegalés Pape Thiaw llegó a instar a sus jugadores a abandonar el campo en señal de protesta, y casi toda la selección se marchó al vestuario dejando solo a Sadio Mané sobre el terreno de juego, mientras Marruecos y el colegiado permanecían aguardando la reanudación. Minutos antes, el árbitro había anulado por falta en ataque un gol de Senegal, obra de Abdoulaye Seck, por una infracción previa de Abdoulaye Sack sobre Achraf Hakimi, lo que aumentó aún más la sensación de agravio.
Ya en la prórroga, y con el partido más calmado tras el fallo de Brahim, llegó el golpe definitivo. Al inicio del tiempo extra, Pape Gueye aprovechó un balón servido por Idrissa Gueye y conectó un potente disparo que superó a Bono, impecable hasta entonces bajo los palos marroquíes. Ese tanto terminó por decidir una final en la que Senegal no dejó escapar la oportunidad de amarrar su segundo título continental y prolongó el maleficio de más de medio siglo de Marruecos sin levantar la Copa África.
El encuentro comenzó con un guion muy distinto: ritmo alto, alternativas y un Senegal atrevido que encontró pronto el camino hacia el área rival. A los seis minutos, Pape Gueye ya obligó a Bono a firmar una intervención salvadora tras un córner botado por Lamine Camara. Más tarde, el guardameta volvió a aparecer en un mano a mano frente a Iliman Ndiaye, que había sido habilitado por un gran pase de Nicolas Jackson, demostrando por qué había sido también decisivo en la semifinal ante Camerún.
Marruecos, sostenido por su solidez defensiva, tardó en encontrar sus bandas, donde suele concentrar buena parte de su peligro. El descanso le sentó bien al equipo de Walid Regragui, que regresó con más carácter y ocasiones claras. Una gran acción de Bilal El Khannous por la derecha terminó en un centro que dejó a Ayoub El Kaabi solo ante Mendy, pero el delantero marró con todo a favor y mandó el balón rozando el poste.
Un choque de cabezas entre Neil El Aynaoui y Hadji Malick Diouf pasado el minuto 60 detuvo el juego durante más de diez minutos y enfrió el ritmo del encuentro. A partir de ahí, el miedo a perder se impuso al deseo de atacar y ambas selecciones, las dos mejores defensas del torneo, priorizaron la precaución. Solo en el tramo final, ya en el añadido, el partido recuperó ida y vuelta: Bono volvió a intervenir con acierto y Abde probó suerte con un disparo que se marchó por encima del larguero antes del discutido penalti.
El desenlace quedará para siempre marcado por esa secuencia final: la pena máxima señalada a instancias del vídeo, la amenaza de retirada de Senegal, el lanzamiento fallido de Brahim Díaz y, poco después, el gol de Pape Gueye que coronó al conjunto senegalés y dejó a todo Marruecos sumido en la frustración.
