Al inicio de la segunda parte, completamente libre de marca, Alexander Sorloth midió a la perfección los tiempos para conectar un cabezazo decisivo que dio la victoria al Atlético de Madrid frente al Alavés y sostuvo a su equipo en uno de los tramos más frágiles de la temporada. El 1-0, celebrado con alivio, llegó en medio de los pitos de parte de la grada y de un final sufrido que evidenció que el conjunto rojiblanco sigue lejos de su mejor versión.
El Atlético, que acumula ya doce triunfos seguidos en el Metropolitano entre todas las competiciones —nueve de ellos en Liga—, continúa, sin embargo, cargando con una montaña por escalar en el campeonato doméstico. El primer tiempo fue plano, espeso, con un equipo falto de chispa, desborde e imaginación en los últimos metros. Los primeros silbidos se escucharon incluso antes del descanso, después de una ocasión clara de Guridi que no llegó a rematar un centro desde la derecha, síntoma del nerviosismo creciente en la grada.
En ese contexto, Julián Álvarez volvió a dejar la imagen de un futbolista acelerado, cargado de responsabilidad y sin la tranquilidad necesaria en la definición. Acumula ya ocho jornadas consecutivas sin marcar en Liga y cada control, cada pase y cada tiro reflejan esa ansiedad. Para el Atlético no es solo un problema individual, sino estructural: el equipo ha dependido mucho del campeón del mundo argentino y Diego Simeone sigue insistiendo, convencido de que su reacción es imprescindible para aspirar a un final de curso exitoso.
Aun así, la calidad de Julián se intuye en destellos. En una de las mejores jugadas del primer tiempo desbordó por banda y generó una doble ocasión: primero un remate de Thiago Almada, salvado bajo palos por Víctor Parada, y después un disparo de Pablo Barrios repelido por Jon Pacheco. En el córner posterior, una volea de Marc Pubill fue desviada de nuevo por Jonny Otto. “La Araña” volvió a ser titular, esta vez por detrás de Sorloth y junto a Almada, un esquema en el que Simeone intenta reconstruir su mejor versión.
Almada regresó al once tras haber sido suplente en la mayoría de los últimos partidos oficiales. Con la imposibilidad de encajar a la vez a Almada y Baena en el sistema, el argentino aprovechó su oportunidad moviéndose bien entre líneas y asociándose con criterio, aunque todavía sin ese punto extra de influencia que reclama el técnico. El Alavés, por su parte, se mostró ordenado y sólido atrás: la defensa tapó casi todos los caminos y Sivera apenas tuvo que intervenir más allá de una falta directa de Julián y un disparo cruzado de Giuliano. Los visitantes, igualmente, apenas inquietaron, con un tiro aislado de Toni Martínez como única amenaza real.
Todo cambió tras el descanso. Sin haber rematado en la primera parte, Sorloth apareció en el minuto 48 para transformar en oro un centro de Pablo Barrios que, en apariencia, no llevaba demasiado peligro. El envío, bombeado, encontró al noruego completamente solo en el área y este firmó un cabezazo pausado, colocado y letal, aprovechando la permisividad de una defensa vitoriana impropia del máximo nivel. El gol dio oxígeno a Simeone y algo de calma a un Atlético que siguió controlando más por oficio que por brillantez. Almada probó de nuevo a Sivera antes de abandonar el campo.
Desde el banquillo, el entrenador tiró de recursos: Griezmann, Baena y Koke entraron para dar un nuevo aire al equipo, mientras Julián Álvarez, Giuliano y el propio Almada se retiraban pensando ya en el compromiso europeo del miércoles. El plan parecía encaminado a madurar el partido, asegurar el 1-0 y, si era posible, encontrar el segundo gol que cerrara la noche.
Sin embargo, con el marcador corto, el duelo entró en ese terreno peligroso tan conocido en el Metropolitano. Baena rozó el 2-0 con una rosca que se estrelló en el poste y, a partir de ahí, el Atlético empezó a replegarse en exceso, cediendo metros y balón a un Alavés sin nada que perder. Un pase sin destinatario encendió de nuevo la bronca en la grada, que respondió con pitos por sectores ante la sensación de estar repitiendo viejos guiones: ventaja mínima, paso atrás y sufrimiento hasta el final.
El encuentro se apagó entre esa mezcla de alivio y desconfianza: victoria importante para mantener la racha en casa, pero acompañada de muchas dudas futbolísticas y de varias reacciones pendientes. Sorloth, con su cabezazo ganador, sostuvo al Atlético en lo inmediato; el reto ahora es recuperar la mejor versión colectiva y el gol de Julián Álvarez si el equipo quiere aspirar a algo más que a sobrevivir en la parte alta de la tabla.
